domingo, enero 20, 2008
lanzado al mundo a las 3:18 p. m.


Hace varios meses atrás recibí un llamado telefónico. Era David Kushner, autor de Masters of Doom y colaborador de Wired Magazine. Estaba escribiendo una historia alrededor de la muerte de Chris. David estaba investigado un dato, que hasta entonces yo había descubierto pero nunca profundice: otro investigador en Inteligencia Artificial, Push Sighn del MIT, había muerto en circunstancias poco claras.
David tomo la historia que antes otros habían tomado, y la unió con lo que al parecer fue el suicidio de Push Sighn, semanas después de ocurrido el de Chris.
Chris y Push no solo estaban en la investigación de IA, sino que compartían cierto enfoque; ambos también eran canadienses y mantuvieron cierta correspondencia mientras liberaban sus respectivos proyectos, OpenMind y Mindpixel.
Durante este tiempo, y hasta la publicación del articulo titulado "Two AI Pioneers. Two Bizarre Suicides. What Really Happened?", volví un tanto en el tiempo. Debía hacerlo. Tenia cierto sentido de la responsabilidad. Yo tengo aún los archivos de Chris, sus diarios de vida, su computadora, sus libros escritos en -y desde- los márgenes. Entré en sus correos electrónicos, conocí a sus obsesiones y limitaciones. Supe de una vida rota, extraña, brillante. Me reuní con Chris -el ausente- para hablar de sueños y perversiones, de sus hijos y sus amantes.
Si, recordé su muerte y esas horas en las que casi pude tocarla con mis dedos. Pero mejor aún, fui a pasear con el por sus playas y parques favoritos. Recibí, otra vez, sus libros como portales. Aproveche la oportunidad de decirle "gracias", y desearle desde este lado del espejo la suerte de las leyendas.
Quizás, como Roy Batty de Blade Runner, simplemente he wasn't meant to last.

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