lunes, julio 23, 2007
lanzado al mundo a las 11:17 a. m.


Es 1815. El Monte Tambora, en Indonesia, despierta y mata a 70.000 personas. Se los lleva con furia la misma sangre de la tierra. Las cenizas en cambio, permanecen. Se quedan hasta un año después. Sin necesidad de internet, o Al Gore, el daño es global.

1816 es conocido como El Año Sin Verano. Mientras los agricultores en toda Europa corren contra las heladas, una chica de 19 años no puede salir a caminar por los jardines. Desde su habitación mira el lago. Que vacaciones son estas, piensa. Suiza parece adelantar el gris cuadro de la industrialización. Mary Shelly entonces escribe. No necesita la ayuda de su amante (si, la muy de seguro había perdido la virginidad en al menos tres maneras), ni de su amigo todo intelectual y filosofo. Ella puede, de hecho, ella puede mas que ninguno. Mientras ellos juegan, ella hace la revolución. Mary Shelley les patea el trasero a todos y publica Frankenstein.

Dos siglos después, casi se nos olvidaba que las chicas son superpoderosas. Y vienen a patearnos, nuevamente, el trasero. Traen sus pechugas gloriosas y una imaginación como de cuento torcido, para contarnos el mundo en-rosa. Están aquí, y no son la resistencia; son, y fueron siempre, la vanguardia.

Literatura fantástica de chicas, hecha por chicas como nunca antes lo vimos. Descarguen el numero 22 de la Revista TauZero. A menos que no tengan los ovarios suficientes.

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